Cuando finalmente distinguí de quien era la figura que estaba en el porche de la cabaña me congelé al mismo tiempo que sentía como si mi corazón ya se me había salido del pecho para irse corriendo desbocado hacia Gaspar, quien estaba sentado con los ojos cerrados.
Frené la bicicleta frente al porche, me bajé y esta cayó haciendo un ruido seco que provocó que él abriera los ojos que yo tanto extrañaba, se puso de pie y yo subí cada escalón a paso lento, estaba feliz y aterrada por igual, al llegar junto a él y sentir sus manos en mi cintura, busqué su boca y la encontré tan...