Estaba en el jardín con mi pequeña Adhara dormida en brazos y el sentir su respiración pausada le pedí a Dios que siempre estuviera rodeada de paz y tranquilidad, Hoa y yo estábamos asombrados de lo calmada que era ya que cuando estaba en el vientre de su madre no paraba de moverse, ahora apenas le tarareaba una canción o le leía algún cuento, enseguida se dormía.
Ya habían pasado seis meses desde su nacimiento y hoy nos reuniríamos los tres matrimonios para el bautizo de nuestros hijos, iba a ser una locura, pero logramos hacer un breve ensayo con el sacerdote ya que eran cinco bautizos, las gemelas Daila...