La mansión se sumió en un silencio total tras el arresto de las dos criminales. Clodan se retiró con los oficiales, mientras Valentino subió a su habitación y se encerró, sin dirigir la mirada a nadie en el salón. Los sirvientes retomaron sus quehaceres, y Dimitri, al igual que su primo, se recluyó en un momento de soledad en su refugio.
—Una vez más, gracias, Lenox —expresó la rusa junto a Layla en el jardín—. Supongo que debes regresar al hospital después de esto.
—En efecto —confirmó—. Recibí una llamada del consultorio recientemente. Tengo turno esta noche.
—Te acompaño a la puerta —ofreció ella, pero el italiano declinó.
—Estoy bien,...