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Los ojos de Holly permanecían fijos en la puerta del despacho de Clodan desde que aquella mujer sensual ingresó. Se preguntaba por qué tardaban tanto. Aunque intentaba concentrarse, le resultaba imposible, no solo por los sentimientos que se desarrollaban en ella, cada día más intensos al estar tan cerca de él, sino también por la mirada despectiva de la rubia sensual que la observaba como si la detestara, como si le hubiera arrebatado algo que le pertenecía.
La misma rubia había entrado al despacho de Clodan hace más de diez minutos, lanzándole antes una sonrisa maliciosa y arrogante, como si quisiera comunicarle algo.
Holly llevaba apenas unos días en...