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La noche oscura desplegó su manto, y Atenea se encontraba en su habitación, ajustando los últimos detalles frente al espejo. Soledad le había informado sobre la cena de esa noche, asegurando que todos debían estar presentes.
Al dar los toques finales, ataviada con un vestido azul claro que abrazaba delicadamente su figura, notó un pequeño detalle: aún llevaba el anillo de matrimonio. A pesar de estar legalmente divorciada de Valentino, no se había deshecho del símbolo. Una sonrisa amarga asomó en sus labios mientras deslizaba el anillo de su dedo anular y lo guardaba en el cajón, sintiendo un vacío al no llevarlo puesto.
—Oye —la voz de su...