Las manos de Holly temblaban sobre sus piernas, empapadas de sudor, mientras la mirada de Clodan se posaba sobre ella. Ambos estaban sentados frente a frente, ella sin tocar el café que le habían ofrecido, y él esperando a que dijera algo. Sin embargo, la incomodidad reinaba entre ellos, a pesar de haberse comunicado antes.
—Entonces, señorita Holly, ¿comienza hoy? ¿Está lista? —él tomó la palabra—. Ya casi es hora de estar en la fábrica. Debo decir que su visita me tomó por sorpresa.
—Oh, vine especialmente porque vi las noticias —bajó la mirada tímidamente—. Quería ver cómo estaba personalmente. Debe haber sido muy difícil, lamento no haberle avisado. Lo...