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La noche se había apoderado de la ciudad cuando Clodan conducía a toda velocidad, su corazón tan agitado que el sonido de su latido le resultaba molesto. Solo anhelaba una cosa, una oportunidad: que ella aún estuviera allí.
Detuvo bruscamente el auto frente a su edificio residencial y descendió apresuradamente, ignorando por completo al personal de recepción. Su desesperación era palpable, su angustia por llegar a su destino, a ella, era evidente. Solo quería hablar con ella, tener la oportunidad de redimirse. No le importaba si después ella no quería volver a verlo, aunque sería difícil, pero no podía dejar las cosas así.
—Holly, por favor...—susurró con urgencia mientras...