—Dimitri —un gemido prolongado escapó de lo más profundo de su ser, su respiración agitada se deslizaba por la nariz, mientras el aire frío del ventanal abierto acariciaba la piel de ambos, creando un contraste con el calor que irradiaban.
El gemido único de ella hizo que Dimitri perdiera la razón. Descendió la tela de su pantalón, liberando una erección que pulsaba con cada roce de la tela. Con fuerza, la tomó de las caderas, empalándola de un solo movimiento sin considerar preliminares, arrancándole un grito agudo.
—Por el maldito infierno, Layla —gruñó, sus dedos hundiéndose en su cintura con ferocidad, lastimándola mientras la azotaba nuevamente, el sexo de ella...