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El silencio que envolvía la habitación inquietó a Dimitri en cuanto cruzó el umbral. Layla solía pasar sus días recostada en la cama o sentada junto a la ventana, leyendo un libro en la mayoría de los casos, mientras se recuperaba de sus heridas. Su aversión por el mundo exterior la mantenía retraída, solo encontrando consuelo en la cercanía de sus seres queridos. A pesar de los intentos de persuasión por parte de ellos, se resistía a buscar ayuda profesional, atormentada por la vergüenza que sentía en presencia de extraños.
Al percatarse de que la cama estaba vacía, consideró la posibilidad de que Layla hubiera decidido salir a tomar...