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Los nervios eran sus fieles compañeros en ese instante. Una tras otra, las chicas emergían de la majestuosa mansión, portando hermosos ramos en sus manos y luciendo vestidos de novia que abrazaban sus figuras con gracia.
Eran casi como imágenes sacadas de un cuento de hadas. Las telas blancas exquisitas estaban adornadas con diamantes relucientes, delicadas flores y encajes sutiles. Lo que las distinguía era el estilo de cada diseño: princesa, sirena, corazón, sin mangas; todos deslumbraban con su belleza única. Eran las novias más radiantes del momento.
Cinco limusinas aguardaban frente a la mansión, cada una lista para llevar a una de ellas por separado, considerando lo...