***************LOREY****************
Jamás había visto a Leonardo tan angustiado como ahora. Aquel, después de varios minutos, dejó de llorar y se concentró en calmar a su hijo menor, Fabrizio, un niño que, indiscutiblemente, era su hijo, puesto que tenía rasgos muy similares a los de Leonardo. Probablemente, si Leonardo me enseñase una foto de él cuando era niño, Fabrizio podría parecérsele mucho.
—Gracias, Lorey... —me susurra de pronto; y yo solo me limito a asentir con mi cabeza.
—¿Mucho mejor?
—Me descuidé, Lorey —se recuerda; y yo sonrío algo triste al tiempo en que suspiro con pesadez.
—Leonardo, a muchos padres les pasa...
—Lorey, es mi hijo...
—No te estoy eximiendo...