René había llegado a la estación de policía, la cual estaba rodeada por un gran número de agentes. La multitud se agolpaba alrededor, expectante y ansiosa.
—Hoy quiero mostrarles qué les sucede a aquellos que se atreven a traicionarme —declaró Santiago con voz firme—. Todos saben que Alessandra fue mi esposa durante mucho tiempo, pero recientemente decidió traicionarme. Cualquiera sería sometido a un juicio, pero esta ciudad está bajo mi dominio. Han vivido bien gracias a mí, pero quienes se opongan sufrirán las consecuencias.
Alessandra yacía demacrada, sin fuerzas para levantarse. Dos guardias la ayudaron a ponerse de pie y la llevaron frente a Santiago.
—¿Te arrepientes de haberme traicionado?...