Punto de vista, Adriana...
Ya se estaba haciendo de noche.
Yo me había quedado dormida muchas veces en el asiento del copiloto, tratando de acompañar a Bruce, pero creo que soy una mala compañía en carretera.
Me agradaba su mirada, era calmada, sin malas intenciones y sin prisas.
Me quedé callada un buen rato observando como su cabello estaba tan perfectamente cortado y su mentón hacía juego con su nariz tan perfecta.
Esbocé una sonrisa sin querer.
Él se giró para mirarme fijamente a los ojos.
Y yo tuve que pasar saliva.
Hizo que en mi vientre hubiera mariposas que revolotean de alegría.
Mi corazón comenzó a latir a toda...