Punto de vista, Alberto...
Había preparado una gran sorpresa para Adriana.
Después de 4 años sin vernos, pude concertar el arreglar cada detalle para poder demostrarle que jamás la pude olvidar.
Llegamos a un lugar en las afueras de la ciudad de Quebec.
En esa dirección cercano a una montaña con vista a un gran lago, se abrieron dos grandes puertas de hierro en color negro.
Solo tuve que mostrar mi rostro en el identificador, y enseguida se abrieron aquellas puertas.
Adriana estaba impresionada, se le notaba en la expresión de su rostro.
Luego me dijo — Vaya, esto parece una cárcel, ¿En serio está era tu sorpresa una cárcel?...