“No hay peor amenaza que la de uma mujer herida”
A.K.M
La rabia de Erika estaba en su punto máximo, debía hacer algo de inmediato para drenar su rabia. Se sentó sobre el escritorio donde minutos atrás su hijo Michael se follaba a la pasante. Aún el olor a sexo impregnaba el lugar.
Subió su falda y comenzó a estimular su clítoris con caricias intensas. El ruido en la oficina, llamó la atención del vigilante; el hombre de unos treinta años, complexión fuerte y estatura baja se aproximó, vio la puerta entreabierta y terminó de abrirla, encontrando aquella escena excitante y provocante.
—Mil disculpas, Sra Collins, no sabía que aún...