Unos segundos después, mi madre salió, sacudiendo la cabeza.
—¿Dónde está Evangelina? —pregunté.
—Está haciendo pipí. —respondió con tono de "obvio".
—¿Y por qué la dejaste sola? —volví a preguntar, algo preocupado.
—Me echó. —respondió ella, levantando las manos al aire, y yo solo pude responder con un "ah".
Nuestros ojos se dirigieron hacia la puerta del baño, donde la voz de Evangelina resonó claramente desde dentro.
—Twinkle, twinkle, wittle star. How I wonder what you are. Up above the world so high, like a diamond in the sky. Twinkle, twinkle, little star. How I wonder what you are. —cantaba, y todos nos detuvimos a escucharla.
—¡Esa niña nunca va...