Punto de vista de Evangelina
Abrí los ojos lentamente y solté un pequeño gemido al sentir un dolor de cabeza terrible atravesando mi cerebro.
Alguien se apresuró a mi lado y tomó mi mano con un agarre firme.
—Evangelina, cariño, ¿me escuchas? —la voz de Lorenzo resonó en mis oídos, lo que hizo que me incorporara rápidamente.
Dirigí mi mirada hacia él y empecé a revisar su cuerpo en busca de marcas de quemaduras.
Estaba tan preocupada, y la culpa que se instaló en mi interior era insoportable.
—Evangelina —me llamó Lorenzo, tomando mis manos que aún recorrían sus brazos—.
Con solo una mirada a su rostro, mis lágrimas empezaron...