Sin pensarlo dos veces, me lancé hacia él y lo clavé contra la pared, mi mano sosteniendo su cuello con fuerza. Mi cuerpo estaba tenso y mis ojos se volvieron completamente negros nuevamente.
—¿Cómo y cuándo lo supo? ¿Cómo lo sabes tú? ¿Quién más lo sabe? —pregunté peligrosamente.
—Él lo su...pe...des...de que ella... n-na-ció —respondió, temblando. Sentí la mano de mi padre en mi hombro.
—Déjalo, Lorenzo. Necesitamos respuestas, no un cadáver —me advirtió con calma. Solté el cuello de Wesley y cayó al suelo, tosiendo y buscando aire.
—Habla —ordené.
Tosió un poco más antes de mirarme y decir:
—El Alfa Draco estaba en buenos términos con una bruja....