Dios, eres tan hermosa
Punto de vista de Bella
—¿Po-podré... volver alguna vez? —pregunté, tartamudeando.
Al hacer esa pregunta, sus ojos se volvieron completamente negros. Me sobresalté al ver el cambio de color en sus ojos. Era como las veces anteriores: negros con destellos azules. Pero ahora estaban completamente negros.
—¡NO! Nunca me dejarás. Nunca. Eres mía. Para siempre —me dijo con una voz fría que no reconocí. Empecé a asustarme.
—Pero... —comencé a decir, pero me interrumpió.
—Nada de peros. No te irás. Eso es definitivo —dijo, se levantó y salió de la habitación.
Mientras tanto, yo intentaba comprender lo que estaba pasando. No me dejó terminar. Solo quería...